Caso: Existencialismo

Camus + Hawley + Watts


Este caso incluye reflexiones pintorescas. Conéctalas con tu carrera. Encontrarás, al final de cada fragmento, un link a la fuente original y algunas preguntas extra. Responde aquellas que llamen tu atención. Anota ideas desordenadas.

Revisa las instrucciones: El método del caso.

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El mito de Sísifo. Albert Camus


Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece. Su roca es su cosa. Del mismo modo, el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos. En el universo súbitamente devuelto a su silencio se elevan las mil vocecitas maravilladas de la tierra. Llamamientos inconscientes y secretos, invitaciones de todos los rostros constituyen el reverso necesario y el premio de la victoria. No hay sol sin sombra y es necesario conocer la noche. El hombre absurdo dice sí y su esfuerzo no terminará nunca. Si hay un destino personal, no hay un destino superior, o, por lo menos, no hay más que uno al que juzga fatal y despreciable. Por lo demás, sabe que es dueño de sus días. En ese instante sutil en que el hombre vuelve sobre su vida, como Sísifo vuelve hacia su roca, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierte en su destino, creado por él, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado por su muerte. Así, persuadido del origen enteramente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando. Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre su carga. Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. El también juzga que todo está bien. Este universo en adelante sin amo no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada fragmento mineral de esta montaña llena de oscuridad, forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz. 

Se ha comprendido ya que Sísifo es el héroe absurdo. Lo es tanto por sus pasiones como por su tormento. Su desprecio de los dioses, su odio a la muerte y su apasionamiento por la vida le valieron ese suplicio indecible en el que todo el ser se dedica a no acabar nada. Es el precio que hay que pagar por las pasiones de esta tierra. No se nos dice nada sobre Sísifo en los infiernos. Los mitos están hechos para que la imaginación los anime. Con respecto a este, lo único que se ve es todo el esfuerzo de un cuerpo tenso para levantar la enorme piedra, hacerla rodar y ayudarla a subir una pendiente cien veces recorrida; se ve el rostro crispado, la mejilla pegada a la piedra, la ayuda de un hombro que recibe la masa cubierta de arcilla, de un pie que la calza, la tensión de los brazos, la seguridad enteramente humana de dos manos llenas de tierra. Al final de ese largo esfuerzo, medido por el espacio sin cielo y el tiempo sin profundidad, se alcanza la meta. Sísifo ve entonces cómo la piedra desciende en algunos instantes hacia ese mundo inferior desde el que habrá de volver a subirla hasta las cimas, y baja de nuevo a la llanura. Sísifo me interesa durante ese regreso, esa pausa. Un rostro que sufre tan cerca de las piedras es ya él mismo piedra. Veo a ese hombre volver a bajar con paso lento pero igual hacia el tormento cuyo fin no conocerá jamás. Esta hora que es como una respiración y que vuelve tan seguramente como su desdicha, es la hora de la conciencia. En cada uno de los instantes en que abandona las cimas y se hunde poco a poco en las guaridas de los dioses, es superior a su destino. Es más fuerte que su roca. Si este mito es trágico lo es porque su protagonista tiene conciencia. ¿En qué consistiría, en efecto, su castigo si a cada paso le sostuviera la esperanza de conseguir su propósito? El obrero actual trabaja durante todos los días de su vida en las mismas tareas y ese destino no es menos absurdo. Pero no es trágico sino en los raros momentos en que se hace consciente. Sísifo, proletario de los dioses, impotente y rebelde, conoce toda la magnitud de su miserable condición: en ella piensa durante su descenso. La clarividencia que debía constituir su tormento consuma al mismo tiempo su victoria. No hay destino que no se venza con el desprecio. Por lo tanto, si el descenso se hace algunos días con dolor, puede hacerse también con alegría. Esta palabra no está de más.

Según la mitología griega, el engreído Sísifo, rey de Éfira, fue condenado por los dioses a empujar una gran roca montaña arriba. Una vez alcanzaba la cima, la piedra rodaba cuesta abajo, repitiéndose eternamente la secuencia. Albert Camus, el novelista francés, observa, en el absurdo día de Sísifo, la existencia de los hombres, planteando que el debate filosófico gire alrededor de una única pregunta: si uno debe o no suicidarse. Camus, pesimista, encontró la respuesta escribiendo. Primero en El extranjero (1942), con un personaje, Meursault, que no cuenta con razones de peso para seguir viviendo, indiferente a la realidad que le rodea. Cambió su visión en La peste (1947), con el doctor Rieux enfrentándose al absurdo y saliendo victorioso. Son precisamente los problemas, y la resolución de los mismos, lo que puede dar sentido a una vida. Camus adoptó el existencialismo, la experiencia humana como punto de partida, para entender el mundo en el que vivía.

¿Cuál es tu punto de vista acerca del absurdo, la corriente filosófica de Camus? 

Comprenderemos el nihilismo del joven Camus en este fragmento de El extranjero

María vino a buscarme por la tarde y me preguntó si quería casarme con ella. Dije que me era indiferente y que podríamos hacerlo si lo quería. Entonces quiso saber si la amaba. Contesté como ya lo había hecho otra vez: que no significaba nada, pero que sin duda no la amaba. «¿Por qué, entonces, casarte conmigo?», dijo. Le expliqué que no tenía ninguna importancia y que si lo deseaba podíamos casarnos. Por otra parte era ella quien lo pedía y yo me contentaba con decir que sí. Observó entonces que el matrimonio era una cosa grave. Respondí: «No.» Calló un momento y me miró en silencio. Luego volvió a hablar. Quería saber simplemente si habría aceptado la misma proposición hecha por otra mujer a la que estuviera ligado de la misma manera. Dije: «Naturalmente.» Se preguntó entonces a sí misma si me quería, y yo, yo no podía saber nada sobre este punto. Tras otro momento de silencio murmuró que yo era extraño, que sin duda me amaba por eso mismo, pero que quizá un día le repugnaría por las mismas razones. Como callara sin tener nada que agregar, me tomó sonriente del brazo y declaró que quería casarse conmigo. Respondí que lo haríamos cuando quisiera. Le hablé entonces de la proposición del patrón, y María me dijo que le gustaría conocer París. Le dije que había vivido allí en otro tiempo y me preguntó cómo era. Le dije: «Es sucio. Hay palomas y patios oscuros. La gente tiene la piel blanca».

En La peste, en cambio, Camus muestra cierta esperanza en el futuro de la humanidad, en las relaciones honestas y bondadosas entre extraños:

Claro que tiene que haber una tercera categoría: la de los verdaderos médicos, pero de estos no se encuentran muchos porque debe ser muy difícil. Por esto decido ponerme del lado de las víctimas para evitar estragos. Entre ellas, por lo menos, puedo ir viendo cómo se llega a la tercera categoría, es decir, a la paz. Cuando terminó, Tarrou se quedó balanceando una pierna y dando golpecitos con el pie en el suelo de la terraza. Después de un silencio, el doctor se enderezó un poco y preguntó a Tarrou si tenía una idea del camino que había que escoger para llegar a la paz. «Sí, la simpatía».

¿Cuál es tu opinión en todo esto? ¿Simpatizas con el Camus de El extranjero? ¿O con el Camus de La peste?

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Fargo. Noah Hawley


Camus dice que saber que vamos a morir hace de la vida una broma.

Estamos en este mundo para hacer un trabajo. Y a todos nos llega esa hora. 

Es la roca que empujamos, todos los hombres. Lo llamamos nuestra carga, pero es en realidad un privilegio.

La segunda temporada de la serie Fargo está pensada y escrita por Noah Hawley. El protagonista, Lou Solverson, veterano de Vietnam, con una hija de 7 años y una esposa enferma de cáncer, pronuncia la siguiente frase: “It’s the rock we all push, men. We call it our burden, but it’s really our privilege.” Abraza su destino, asumiendo toda la responsabilidad. El reto que propone el absurdo: vivir una vida satisfactoria a la vez que uno acepta que la muerte es inevitable y que todo aquello que construya en ella desaparecerá en el tiempo. Una árida pelea de la que, sin embargo, es posible salir victorioso, si hallamos un sentido en las distintas dimensiones de la existencia. Tanto en los pequeños momentos inesperados (el gesto altruista de un desconocido) como en las grandes experiencias colectivas (la heroicidad en tiempos de guerra). El mismo Camus comprendió, jugando al fútbol en Argel, la fuerza de la camaradería. Afirmaba que allí, en el campo, aprendió más acerca de la moral y las obligaciones de los hombres que en 50 años de vivencias. Somos animales sociales, el propósito en los vínculos humanos.

¿Cuál es / será tu trabajo en este mundo?

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Vive de forma plena, ahora. Alan Watts


¿Recuerdas cuando fuiste a la escuela por primera vez? Al jardín de infancia. Y la idea allí era subir para así entrar en primer grado, y entonces seguir subiendo para entrar en segundo grado, tercer grado, y así sucesivamente, subiendo y subiendo. Entonces fuiste al instituto, y esa fue una gran transición en la vida, y ahora la presión aumenta, debes seguir adelante, debes seguir subiendo, y ser lo suficientemente bueno para llegar a la universidad. Y entonces, cuando llegas a la universidad, sigues paso a paso, hasta estar listo para ese gran momento de tu vida. Y luego, cuando sales fuera, llega la lucha y el sufrimiento por el reconocimiento profesional. Y de nuevo, una escalera. Y luego, repentinamente, cuando estás cerca de los 40, en la mitad de tu vida, despiertas un día y te dices.. ¡ah, he llegado! Y sientes más o menos lo mismo que siempre has sentido. De hecho, dudas si te han engañado, siempre viviendo en el futuro. Y aunque, como ya he dicho, es de tremenda utilidad mirar siempre hacia adelante y hacer planes de futuro, de nada sirven las metas si cuando uno llega allí se convierte en el presente, viviendo tu vida en un futuro que nunca llega. Y así, de esta manera, uno nunca tiene la posibilidad real de heredar y disfrutar de los frutos de sus acciones. No se puede vivir de forma plena... si no se vive el momento.

La temible carrera de la rata. Un corto de Steve Cutts.

¿Cómo escapar de ella?

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