Caso: Transformación

Nietzsche + Kierkegaard + Taleb + Schopenhauer


Este caso incluye reflexiones pintorescas. Conéctalas con tu carrera. Encontrarás, al final de cada fragmento, un link a la fuente original y algunas preguntas extra. Responde aquellas que llamen tu atención. Anota ideas desordenadas.

Revisa las instrucciones: El método del caso.

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Voluntad de poder. Friedrich Nietzsche


Para Nietzsche el conocimiento es una operación peligrosa de la que uno no sale indemne. No es un frío proceso mental en el que adquirimos informaciones que perfeccionan nuestra visión del mundo y en el que nos afianzamos (nos reconocemos) en nuestra condición de seres racionales. Al contrario, el auténtico conocimiento está basado en una experiencia tras la cual no volvemos a pensar ni a sentir del mismo modo. El acto cognoscitivo que Nietzsche propone se acerca más a la vivencia estremecedora de sumirse en un paisaje natural o en una obra de arte que al aprendizaje técnico o científico. Al conocer sufrimos una sacudida que altera profundamente nuestra mirada, como si se rompieran para siempre las gafas con las que, a nivel individual y social, estamos acostumbrados a vernos. Nietzsche concibe sus libros como artefactos destinados, en su contenido y en su forma, a provocar ese tipo de conocimiento transformador.

El hombre se comporta en primer lugar como si fuera un camello, inclinándose para recoger un gran peso, el peso de la obediencia a Dios y a las normas morales. Es un animal que posee cierta grandeza ya que desprecia las tareas fáciles y se pone a prueba cargando con el deber, pero su naturaleza es aún demasiado sumisa. Por ello el camello se convierte en león, un animal que sustituye el «tú debes» de la ley moral por el «yo quiero» de la ley de su voluntad. Es un nihilista activo, un espíritu que siente el «placer de la destrucción» del orden establecido. La suya es una libertad de, pero todavía no es una libertad para: se libera de los valores heredados, pero aún no tiene la capacidad de crear nuevos valores. Por este motivo el león se transforma finalmente en un niño, alguien que juega sin prejuicios ni preocupaciones, un espíritu que inventa incesantemente nuevos juegos y nuevas reglas de juego, «una rueda que se mueve por sí misma». El eterno retorno forma parte de su metabolismo: cuando acaba de jugar, grita entusiasmado: «¡Otra vez, otra vez!». La única ley que obedece es la de su propia voluntad. Siempre atento a sus instintos, en él se dan cita la dureza y la agilidad, la determinación y la inocencia. La vida es para él un experimento continuo. Es egoísta, pero con el «egoísmo sano y saludable que brota de un alma poderosa». 

Para ilustrar su crítica a la moral cristiana, Nietzsche utiliza una pequeña fábula. Imaginemos a un cordero, débil e impotente, que observa el vuelo de un águila imperial. Tiene miedo de ser devorado por ella, mucho más poderosa y rápida que él. El ave rapaz, por su parte, vuela despreocupada, feliz de ser como es. Cuando mira al cordero, no lo hace con malos ojos; al contrario, sabe que puede ser un sabroso manjar. El águila es de entrada un animal afirmativo; se afirma a sí misma como resultado de su propia exuberancia y fortaleza. Está dominada por fuerzas activas o primarias. Estas son las fuerzas que expresan la voluntad de poder como expansión, como ofensiva. El cordero, en cambio, está sujeto a fuerzas reactivas o secundarias, las fuerzas que expresan la voluntad de poder en su carácter adaptativo o defensivo, como mero instinto de conservación. En su análisis genealógico de la moral, Nietzsche trata de mostrar que la distinción entre el bien y el mal proviene originariamente de un grupo reducido de personas que son el equivalente humano del águila: la casta de los guerreros. En contraposición está la casta sacerdotal, el equivalente humano del cordero. Esta es la moral aristocrática. Se trata de un grupo de personas débiles y amargadas que se sienten amenazadas por los guerreros. En realidad, envidian su fortaleza y desearían ser como ellos, pero saben que eso es imposible. Para afirmarse a sí mismos necesitan negar antes a los demás. Esta es la moral de esclavos. Lo que originariamente era considerado «bueno» (el egoísmo, la soberbia, el derroche, la agresividad, el riesgo, el olvido o la ociosidad) pasa a ser visto como «malvado» y es condenado; por otro lado, aquellas cualidades propias de «los fisiológicamente desafortunados y destemplados» (el altruismo, la humildad, la compasión, la mansedumbre, la contención, la memoria o la laboriosidad) se ensalzan como virtuosas y son premiadas. El odio y el resentimiento del cordero logran que el águila se avergüence finalmente de su buena suerte y se sienta culpable. Ya no puede volar feliz y despreocupada. Ha dejado de ser un animal dominado por las fuerzas activas. El superhombre no necesita culpar ni perdonar a nadie porque, al igual que un niño, posee la capacidad de olvidar.

El Übermensch de Nietzsche.

¿Dominan en ti las fuerzas afirmativas o reactivas? ¿Qué deberías hacer para reforzar, en todo momento, la parte afirmativa?

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El concepto de la angustia. Søren Kierkegaard


La ansiedad es una categoría del espíritu soñador, forma parte de la psicología. La ansiedad es diferente al miedo, haciendo este referencia a un concepto definido, mientras que la ansiedad es tan solo posibilidad, a través de la libertad. La ansiedad son las náuseas de la libertad, surge cuando el espíritu quiere plantear su síntesis y la libertad divaga en su propia posibilidad, apoderándose de la finitud para sostenerse. En ese mismo momento todo cambia, y la libertad, cuando se levanta de nuevo, ve que es culpable. Entre estos dos momentos se encuentra el salto, que ninguna ciencia ha explicado y que ninguna ciencia podrá explicar.

El psicólogo Rollo May sobre la ansiedad de toda mente creadora:

Entenderemos las ideas de Kierkegaard sobre la relación entre la culpa y la ansiedad enfatizando que él siempre habla de la ansiedad en su relación con la creatividad. Porque es posible crear, crearse, estar dispuesto a ser uno mismo, en todas las innumerables actividades diarias, uno sentirá la ansiedad. No sentiría la ansiedad si no existiera la posibilidad. Ahora, crear, actualizar las posibilidades, implica aspectos tanto negativos como positivos. Implica destruir viejos patrones dentro, destruir progresivamente a lo que uno se ha aferrado desde la infancia y crear formas de vida nuevas y originales, por lo que toda experiencia creativa tiene parte de agresión o negación hacia otras personas o patrones propios. En sentido figurado, en cada experiencia creativa muere algo en el pasado y nace algo nuevo. Por lo tanto, para Kierkegaard, el sentimiento de culpa siempre irá ligado a la ansiedad: es un sentimiento que permite la experimentación, una posibilidad a actualizar. Cuanto más creativa es la persona, más ansiedad y mayor culpa presente sentirá.

El filósofo Joan Solé sobre la filosofía activa de Kierkegaard:

El pensamiento no debe ser una actividad meramente conceptual, sino una reflexión hecha a partir de lo que se experimenta en la vida; debe tener como misión transformar esta vida, contribuir a salvar al sujeto que padece. Igual que Schopenhauer, Kierkegaard percibe el sufrimiento real del ser humano concreto como origen y acicate del pensamiento. Se da cuenta de que el tipo de existencia que él denomina «estética», basada en la búsqueda de placeres, precipita fatalmente a la frustración y al sufrimiento. Busca una vía de salida personal a este circuito cerrado de deseo y dolor. Pero después de este tramo inicial común, los caminos de ambos pensadores se bifurcan. Si Schopenhauer recomienda reprimir los deseos, renunciar a las ambiciones, resignarse y compadecer a los demás para alcanzar la impasibilidad, Kierkegaard subraya el aspecto pasional de la interioridad subjetiva como única vía para acercarse a ese Dios trascendente pero personal y amoroso que es su aspiración alcanzar. Tras haber andado un buen trecho juntos, ambos pensadores se dan la mano y se despiden: Schopenhauer toma el camino de la negación y la serenidad, Kierkegaard enfila el de la afirmación y la pasión.

Responde si tienes un perfil creativo.

¿Cuáles son tus posibilidades? ¿Cómo gestionas la ansiedad creativa de alternativas no realizadas, las náuseas de la libertad que decía Kierkegaard?

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Skin in the game. Nassim Nicholas Taleb


Deberías ser dueño de tus riesgos.

Skin in the game.

¿Qué riesgos estás tomado? ¿Quién sufre las consecuencias de esos riesgos?

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Aforismos sobre la sabiduría de la vida. Arthur Schopenhauer


1. Lo que uno es: es decir, la personalidad, en el sentido más amplio del término. Están subsumidos aquí, por lo tanto, la salud, el vigor, la belleza, el temperamento, el carácter moral, la inteligencia y el desarrollo de la misma.
2. Lo que uno tiene: o sea, su patrimonio y posesiones de todo tipo.
3. Lo que uno representa: bajo esta expresión se entiende, como se sabe, lo que alguien constituye a los ojos de los demás, que en el fondo no es sino la forma en que es representado por ellos. Consiste, por lo tanto, en la opinión que ellos tengan de él, y se divide en el honor, el rango y la fama. 

Un temperamento sereno y alegre basado en una salud perfecta y en un buen régimen de vida, un entendimiento claro, animado, penetrante y acertado en sus juicios, una voluntad atemperada y apacible y su consiguiente conciencia limpia, son cualidades a las que ningún rango o riqueza puede sustituir. Pues lo que cada uno es para sí mismo, lo que lo acompaña en su soledad y nadie le puede proporcionar o arrebatar es obviamente mucho más importante para él que el resto de sus cualidades o lo que los demás puedan pensar de él. Un hombre ingenioso, aunque esté completamente solo, se entretiene de maravilla con sus propios pensamientos y fantasías, mientras que al torpe ni la alternancia constante de reuniones sociales, ni las obras de teatro, las excursiones o las parrandas lo libran del suplicio del aburrimiento. Un carácter bueno, moderado y manso puede estar satisfecho aun en circunstancias adversas; mientras que uno ávido, envidioso y malvado no lo estará aunque nade en la abundancia. 

En el fondo, el mundo no tiene mucho que ofrecernos: está lleno de miseria y dolor, y a quienes logran escapar de estos males los acecha en cada esquina el aburrimiento. Además, por regla general, la maldad y la estupidez son las que dictan la pauta. El destino es cruel, y los hombres, miserables. En un mundo semejante, el hombre que tiene mucho en su persona se parece a una habitación navideña cálida y alegre, situada en medio de la nieve y el hielo de las noches de diciembre. Por todo ello, poseer una excelente y rica personalidad y, en especial, mucho ingenio es sin duda el destino más afortunado del mundo, aunque difiera del más deslumbrante. 

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