Conócete a ti mismo

γνῶθι σεαυτόν


Conócete a ti mismo. Inscripción en el templo de Apolo en Delfos. El ónfalo, piedra sagrada, indicaba que ese era centro y origen del mundo, el punto en el que se cruzaron las águilas. Dentro aguardaba el oráculo. Quien cruzara la puerta debía tener claro qué pedirle, pronunciar las palabras exactas. Sócrates popularizaría la máxima, advirtiendo a Alcibiades, impulsivo general ateniense, antes de entrar en guerra con Persia. El más sabio de los hombres predicaría la introspección honesta, objetivo de todo conocimiento filosófico, definiendo sus propias preferencias antes de tomar una decisión de incontrolables consecuencias. La revolución interior de los estoicos: entender primero quién eres para luego enfrentarte a un mundo hostil. γνῶθι σεαυτόν, conócete a ti mismo. Ese saber te dará fuerzas para embarcarte en el más peligroso de los viajes.

¿Cómo acceder a ese conocimiento escondido?

A través de la experiencia. A veces, a través del sufrimiento. Tomando tus propias decisiones y cometiendo algunos errores. Virescit vulnere virtus. No puedes destaparlo sin antes vivirlo.

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Correspondencia. Josep Pla


Un libro en serio no será jamás obra del juego ni del placer, ni de la espontaneidad, ni de la gimnasia rítmica. Yo no sé de qué abismos de la insinceridad pudo salir la teoría del arte como juego. La observación lleva a todo lo contrario: buscad la llaga moral, la herida. La verdadera inspiración arranca de la fecundidad de la herida moral. En un cuaderno antiguo encuentro, escrita en francés, esta cita: «Sin la herida, sin el desgarro del alma vuelta contra uno mismo, no puede haber obra fuerte. Hay que hundirse en el alma para merecer escribir. Es preciso que sangre la herida». Todo esto es muy trágico, y a pesar de tratarse de una cita francesa, parece una españolada. Pero lo divertido es que cuando los editores la han aplicado como criterio en sus negocios, han ganado muchísimo dinero.

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BAFTA. Charlie Kaufman


No sé qué es la herida, solo sé que es antigua. Sé que es un abismo en mi ser. Sé que es sensible. Sé que es inescrutable o que no puedo describirla en palabras. Creo firmemente que tú también tienes una herida. Creo que es específica en ti y común en todos. Creo que constituye ese algo oculto y protegido. Es la tabla sobre la que bailas claqué cinco veces al día. Es lo que no parecerá interesante a otras personas si revelada. Es lo que te hace débil y patético. Es lo que hace que amarte ser realmente imposible. Es un incluso para ti mismo. Pero es algo que quiere vivir. Es la fuente de tu arte, de tu pintura, de tu baile, de tu escritura y de tus tratados filosóficos.

Transcripción.

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Próxima edición: Verano, 2021.

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